Albert Einstein, Sigmund Freud, August Strindberg… y vivienda pública

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Strindberg, Rosa Albach-Retty, Oskar Werner, Margarete Schütte-Lihotzky y Viktor Adler? ¿Sabían ustedes que, de algún modo, ellas y ellos guardan relación con una de las posibles respuestas al grave problema habitacional que sufren muchas de las grandes capitales europeas y globales? Estos personajes célebres, además de muchos otros, dan su nombre a complejos residenciales de protección oficial destinados al alquiler de vivienda habitual en la capital de Austria, Viena.

Tal asociación me viene a la cabeza tras conocer el loable plan anunciado por el presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, que pretende articular una inversión pública de 1.300 millones de euros durante la próxima década a través de un Perte de vivienda industrializada. O incluso la iniciativa liderada por Barcelona y otras 14 ciudades con la finalidad de que Bruselas impulse un plan de acceso a la vivienda dotado con 300.000 millones de euros anuales, que se destinen a la construcción y la renovación del parque de viviendas.

Durante el último siglo y, en particular, con el hito que supuso la promulgación de la Ley de Protección de los Inquilinos en 1922, la prioridad en Viena ha sido el impulso de pisos sociales a partir de la consideración de que la vivienda es un asunto de interés público. Algunos datos avalan la apuesta efectuada en este ámbito: cada año, la capital austriaca invierte cerca de 200 millones de euros en la renovación del parque público de viviendas (en la actualidad, se están renovando 247 edificios, que suman más de 17.000 pisos), una cifra que asciende a 500 millones de euros si sumamos la construcción de vivienda nueva (a razón de 10.000 viviendas subvencionadas construidas anualmente) y la rehabilitación del parque urbano.

Más aún, en atención a los colectivos más vulnerables, desde el año 2020 la ciudad cuenta con un programa para las familias monoparentales dotado con más de 76.000 viviendas que, a su vez, disponen de servicios especializados (guarderías y zonas ajardinadas, entre otros).

Hay que hacer hincapié, asimismo, en los efectos positivos que estas dinámicas tienen en materia laboral, toda vez que las viviendas sociales suponen la creación de cerca de 24.000 puestos de trabajo a corto plazo y más de 30.000 a largo plazo, lo que representa un 3,5% de los empleos en Viena. Y desde un punto de vista económico agregado, se calcula que en un periodo de diez años las inversiones en nuevas construcciones y reformas aportan unos 2.300 millones de euros al valor añadido bruto del país centroeuropeo.

 

Gran “stock” de suelo.

La capital federal austriaca posee asimismo un gran stock de suelo urbanizable en sus distintos distritos. Esta circunstancia permite, por un lado, capacidad de respuesta para hacer frente a la demanda (modelada en la actualidad, en buena medida, por la inmigración y el crecimiento de hogares unipersonales) y garantizar, en definitiva, una oferta de viviendas asequibles en el futuro. Pero hay otra virtud más sutil en este planteamiento: los edificios de viviendas sociales se hallan distribuidos en los diferentes distritos, lo que consiente la consolidación de una mezcla social equilibrada en todos los barrios que contribuye a minimizar la tan temida y perniciosa gentrificación.

Otro rasgo que caracteriza al modelo municipal vienés es su dualidad. No sólo se proyecta a través de las inversiones directas en nuevas construcciones y rehabilitaciones, sino que las personas con rentas bajas reciben ayudas directas. Proporcionar al mayor número posible de personas un espacio vital asequible y de calidad es, en todo caso, la idea motora que rige esta planificación.

El conjunto de personalidades eximias citadas al inicio demuestran que las viviendas de protección oficial de Viena no constituyen sólo complejos residenciales en los que habitan cerca de un millón de vieneses y vienesas: son símbolos culturales, históricos y sociales que reflejan la diversidad y la vitalidad de una ciudad que brinda a otras metrópolis europeas e internacionales un caso de buenas prácticas en materia habitacional en su propósito de ofrecer condiciones de habitabilidad accesible que, en el contexto de una urbe en continuo crecimiento, se adapten a las necesidades cambiantes de la población, sean compatibles con una alta calidad de vida y ejerzan como tractoras de sostenibilidad e innovación e impulsoras de la necesaria cohesión social.

Cualquier iniciativa que redunde en estos objetivos estará orientada al bien común y al interés general en beneficio de la ciudadanía de nuestro país y del espacio europeo común.

Cónsul honorario de Austria en Barcelona

Fuente Oficial: Expansión

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